Los pequeños y jóvenes que consumen alcohol buscan una forma de diversión, a través de una práctica que puede ayudarlos a ser admitidos por el grupo. Pero más que un simple entretenimiento, la ingesta alcohólica conlleva situaciones de peligro que varían conforme a la cantidad y al tipo de bebida que se consuma. El exceso puede desembocar en una intoxicación etílica (aumento del contenido de etanol en sangre por encima de los niveles tolerados por el organismo), y coma etílico (fase avanzada de la intoxicación). “El consumo de alcohol en la adolescencia es una de las conductas de riesgo más habitual en esta edad”, explica el doctor Fidel Fuentes.

Atajar este tipo de conducta de peligro a edades jóvenes ha de ser una prioridad para los padres y educadores. “Los efectos del alcohol dependen de la cantidad presente en la sangre (tasa de alcoholemia), que se mide en gramos/litro y cambia según la edad, el peso, el sexo. Obviamente a edades de 12-13 años, la tasa de alcohol en sangre es proporcionalmente más alta que en adultos. Otra variable fundamental es la cantidad de alcohol que poseen las distintas bebidas y que se especifica en su graduación alcohólica. Las de alta graduación, como ron, ginebra, whisky, son las más peligrosas cuando se ingieren en escaso tiempo y grandes cantidades, puesto que sencillamente producirán intoxicación alcohólica y coma etílico”, asegura el doctor Fuentes.

Secuelas

Los problemas para la salud del menor se acrecientan al no limitarse al instante de la ingesta, por servirnos de un ejemplo las crisis convulsivas y la hipotermia en casos graves, sino que se traslada a su vida cotidiana. Afecta el desempeño a nivel escolar y las relaciones con la familia, amigos y compañeros, y su consumo intermitente puede causar daños cerebrales. “Puede generar alteraciones de la conducta y de la memoria, que pueden dar sitio a trastornos del aprendizaje, con bajo rendimiento escolar”, refiere el experto. “Asimismo influye en el deterioro de las relaciones con la familia, los compañeros y los maestros, y de una manera significativa se dan comportamientos violentos y conductas de alto peligro, como alteraciones del comportamiento, agresividad, violencia, suicidio y mayor vulnerabilidad hacia la dependencia de otras drogas”. Además aumentan la posibilidad de fallecer en accidentes de tráfico o por situaciones de violencia.

Las secuelas de un coma etílico en niños de 12 o trece años son muy diferentes, fundamentalmente relacionadas con daños y alteraciones del sistema nervioso, cardiovascular y endocrino, así como afectación hepática y del aparato digestible. “La práctica del binge drinking (atracón etílico), consistente en consumir copas o vasos de alcohol en poco tiempo, es muy dañina y genera alteraciones cognitivas, de la memoria y del aprendizaje en un cerebro todavía en desarrollo. Puede causar múltiples enfermedades orgánicas y psiquiátricas”, asegura el doctor Fuentes.

El consumo excesivo de alcohol asimismo puede condicionar la vida de adulto. “Está probado que las personas que inician el consumo de alcohol en la adolescencia tienen una mayor probabilidad de desarrollar alcoholismo o bien dependencia del alcohol en la edad adulta”, concluye el doctor.